Los emboscados
Source:
Arxiu Històric de Lleida, AHL260-43-T2-1696
Date Created: 1937
Type: Photograph
Extent: 1 item
972, 306
Durante la Guerra Civil hubo un “tercer ejército”: el de los no combatientes. Se llamaba así a los cientos de miles de jóvenes españoles que evitaron luchar en el conflicto. Para ello usaron diferentes tretas, desde sobornos a fingir enfermedades o buscarse puestos civiles alejados del combate. Sin duda, el caso más extremo fue el de los emboscados.
Se trató de un fenómeno frecuente, sobre todo en la Cataluña rural, donde se calcula que unos veinte mil jóvenes se escondieron en el campo y en zonas remotas de montaña para evitar ser reclutados por el ejército republicano. Les llamaban en catalán els emboscats (un grupo de los cuales parece en la fotografía)y llegaron a formar grandes partidas armadas que repelieron por la fuerza los intentos para apresarlos de las fuerzas de seguridad del gobierno. Otros, fueron encondidos, solos o en pequeños grupos, por familiares y amigos en pajares, cuevas o cabañas apartadas.
El prototipo de emboscado era el de un joven conservador y católico que detestaba al bando republicano y los excesos revolucionarios y crímenes que se habían producido en su zona. Muchos de ellos intentaron huir a Francia para desde allí pasarse a la otra zona, pero por distintas circunstancias no pudieron hacerlo. Otros, simplemente, se escondieron para esperar el final de la guerra. Este último caso fue más frecuente a medida que las derrotas republicanas se acumulaban en 1938 y el territorio leal menguaba; y cuando las autoridades comenzaron a llamar a filas a quintas de hombres maduros (quinta del saco) o muy jóvenes (quinta del biberón).
Si eran apresados, los emboscados eran procesados por deserción (cargo que podía gravarse por su resistencia armada) e inclusos ser condenados a muerte, aunque rara vez se ejecutaron este tipo de sentencias. Lo más normal eran penas de prisión y multas que eran conmutadas por el envío del reo a unidades situadas en primera línea del frente.
Aunque los emboscados simpatizaban con el bando franquista, este, una vez conseguida la victoria, les trató con frecuencia con dureza, al considerar que habían evitado luchar en la guerra al no pasarse a sus líneas. Por ello los antiguos emboscados fueron forzados a hacer su servicio militar completo de tres años, y eran vistos con suspicacia por sus mandos.
Hacia la década de 1960, la actitud de las autoridades franquistas había cambiado y, en 1966, erigieron un monumento en la localidad de Solsona para honrar a los habitantes de las masías que escondieron o prestaron ayuda a los “emboscats”.
ACS






